Libro "Ultimo tango en el Sur"

"Ultimo tango en el Sur"
El tango en una “ciudad testigo” de la Argentina. El caso de Tandil

Por Néstor Dipaola.

Néstor Dipaola es periodista, escritor e historiador cultural en la ciudad de Tandil, provincia de Buenos Aires, Argentina. Profesor de la Universidad Nacional del Centro. Entre otros libros, publicó en 2001 “Ultimo Tango en el Sur. Una historia del 2 x 4 en Tandil y la región”, que fue premiado por el Fondo Nacional de las Artes para continuar investigando la historia del tango provinciano de su país.

Este libro –“Ultimo Tango en el Sur, una historia del 2 x 4 en Tandil y la región”, ha servido para demostrar que el tango, si bien fue concebido y parido en ambas capitales del Plata, se vivió con la misma intensidad e idénticas pasiones en los más remotos rincones del interior, por pequeños que éstos fueran.
Hemos incluido innumerables testimonios que pudimos recoger, y un valioso material fotográfico al que accedimos y que ponemos a disposición de los lectores al finalizar los respectivos capítulos. Son en total más de 200 fotografías, desde la década de 1920 en adelante.
Se ha tomado a Tandil como eje central de la investigación, no solamente por ser el lugar de nacimiento y residencia del autor del trabajo, sino porque es considerada “ciudad testigo” en el orden nacional, para numerosas circunstancias y mediciones, entre ellas las elecciones, índices de desempleo y análisis varios. Pero lo interesante es haber podido demostrar cómo en toda esta región tomada para la muestra, los datos, las opiniones y los hechos son coincidentes.

Un tema clave a considerar es el del arte tomado como trabajo rentado por la mayoría de los protagonistas. En general, aunque en el interior fueron pocos los que pudieron vivir de la música, unos cuantos sí lo consiguieron. Pero absolutamente todos y en todas partes, coincidieron en las buenas remuneraciones que percibían por las actuaciones, que son siempre concebidas en términos de “trabajo”. Además estaban agremiados en las respectivas Asociaciones Musicales que existían en cada ciudad, con reglamentaciones que favorecían la actividad de los músicos. Proliferan en el libro testimonios como los siguientes:
-Gracias a este oficio coseché muchos amigos, hice mi hogar, crié a mis hijos. Nunca hice otra cosa. No sé si seré bueno, pero tuve suerte en trabajar siempre en esto. En 1972 estaba en Mar del Plata y escuché el bandoneón eléctrico. Quedé asombrado y ahí nomás le dije a mi señora: Yo también lo voy a usar. Hay que tener todo eléctrico, si no, no podés tocar... Pero, claro, si no fuera por eso a lo mejor no lo usaría, porque la dulzura no sale de la electrónica.
El relato (capítulo 5) pertenece al tandilense -nativo de Necochea- Pedro Delahorca. Falleció con alrededor de ochenta y cinco años y tocó hasta sus últimos días. Se ganó la vida tocando en los bailes. Y “aunque la dulzura no sale de la electrónica”, llegó un momento en que decidió actualizarse utilizando la tecnología de la época, sencillamente porque había que trabajar.

Hubo otros músicos que complementaban sus ingresos con la docencia musical, tal el caso del maestro tandilense José Ferrer:
-Mi padre tiene cerca de treinta composiciones registradas y muchas otras que no llegó a hacerlo. El bandoneón y la música fueron siempre su pasión, al punto de dejar de lado otras cosas en su vida por eso. Fue muy trabajador y honesto, y exigente con sus alumnos. Entre las tres y las ocho de la tarde atendía su academia en la casa donde nosotros crecimos. Era un desfile de gente que iba a estudiar bandoneón, de todas las edades. Eran casi treinta alumnos, con diferentes horarios, por lo que ese desfile de personas tocando timbre a cada rato parecía una verdadera romería. (Testimonio de uno de sus hijos, Eduardo Antonio Ferrer, capítulo 5).

Además, estos músicos del interior también muestran su orgullo por el trabajo que hacían:
-Hice mi hogar tocando el bandoneón. Nunca realicé otra cosa. Soy jubilado de la Escuela Municipal de Música, luego de ejercer durante 24 años. Pero sigo trabajando en eso y también soy el presidente de los jubilados y pensionados municipales. (Alberto Raúl Schettino, bandoneonista de la ciudad de Benito Juárez, todavía con vigencia; capítulo 12).

El trabajo artístico no faltaba, e incluso a unos cuantos, les sobraba:
-En la década del cuarenta estábamos todos ocupados, por la fuerte demanda que había de las instituciones. La mayoría eran escuelas que organizaban bailes en los clubes de su pueblo. Entonces, surgían los contratistas. Por ejemplo a Pedro Delahorca lo iban a buscar para cuatro bailes al mismo tiempo. Pero por supuesto que no podía ir más que a uno. Entonces él veía a los músicos y les preguntaba: ¿Tenés algo para este sábado? Si el otro no tenía ofertas hasta ese entonces, él replicaba: Entonces, estate a las nueve de la noche en el Bar Tito. Llegado el momento, él mismo se encargaba de decirles adónde irían y cómo se distribuían los músicos para formar el grupo. ¿Contratos? No. El contrato era la palabra. (Luis Cicopiedi, capítulo 6).
Queda claro, pues, que todos cobraban por su trabajo, por más que se trataba, en muchos casos, de bailes organizados por escuelas de pueblo, según narra el bandoneonista tandilense. El dinero circulaba y había para que una parte recaude la cooperadora escolar y el resto fuese a parar a los trabajadores de la cultura, como corresponde.

Algo similar a lo que declaró Cicopiedi, señalan los Rossi, de Olavarría:
-Hemos tocado en toda clase de ambientes. Vivimos de lo bailable. Papá más chocho estaba cuanto más lío había, cuando se agotaban los músicos y tenían que cumplir aquí y allá, era un rompecabezas... Siempre lo acompañaba la suerte. ¡Cada merengue, Dios mío...! Lo comprometían y como mi padre no podía decir que no, mandaba. A veces sacaba un músico de esta orquesta, un músico de otra, sacaba de distintos lugares. (Capítulo 13).

Fue una época de grandes dirigentes, que hicieron crecer a las instituciones. El dinero que recaudaban con los bailes se convertía rápidamente en ladrillos. Dependencias, gimnasios, piscinas, tribunas, ampliaciones por aquí y por allá. Ello se conseguía con las actuaciones de músicos locales y también con las presentaciones de los más famosos del Río de la Plata.
-Una de mis actividades dentro del Club Excursionistas era la contratación de espectáculos. Pudimos traer a las principales figuras. Vinieron, entre otros, Aníbal Troilo y su orquesta con los cantores Floreal Ruiz y Edmundo Rivero. Alfredo de Angelis y su orquesta estuvieron en cuatro oportunidades, con la voz de Carlos Dante. En otras cuatro, Alberto Castillo y su conjunto y la misma cantidad de veces la orquesta del maestro Osvaldo Pugliese. (También) Hugo del Carril, cuando estaba en su apogeo como actor de cine y cantor. No cabía un pelo en el club. (Testimonio del dirigente tandilense José Angelillo, que también fue buen cantante de tangos).

La ciudad atlántica de Necochea vivió épocas de esplendor en cuanto a su actividad turística. Y esta circunstancia se emparentaba con el trabajo de los músicos:
-La actividad en Necochea era muy grande musicalmente hablando. Muchos turistas se quedaban toda la temporada, los tres meses. Venían los padres, los hijos y traían a la mucama inclusive. Aunque venían las grandes figuras de Buenos Aires, sobraba trabajo también para los nuestros. En la Bel Mar tocaban a la una de la tarde, a las tres. A las cinco, a las nueve hasta las seis de la mañana. Otro tanto ocurría en Casablanca. La sociedad porteña organizaba ahí los carnavales, con disfraces traídos de Europa, para ellos y sus chicos. (Testimonio del periodista necochense Julio Pérez, capítulo 12).

También hubo abundancia en Tres Arroyos:
-Eramos muchos; pero trabajábamos todos muy bien. Para darle una idea, si yo con mi trabajo (fui siempre carpintero, y continúo en actividad) ganaba mil pesos, con la música ganaba cinco mil. Y ni hablar para los Carnavales. También cobrábamos horas extras. Por ejemplo un club nos contrataba hasta las tres de la mañana, pero muchas veces ocurría que era la una y la gente no llegaba, lo hacía más tarde porque se habían quedado en los “reservados”, por ejemplo. Entonces nos quedábamos hasta las seis, siete u ocho de la mañana. En esos casos salíamos con una valija de dinero. (Testimonio del cantante Arnaldo Etchegoyen, capítulo 15).

Otro eje interesante para destacar, entre muchos, en estas conclusiones, tiene que ver con la pasión con que la gente respondía a las convocatorias, ya sea bailes, espectáculos, concursos y demás. Veamos algunos ejemplos:
-El concurso se hacía casi todas las noches y duró más de dos meses; era otra época, muy distinta y el bar Colón se llenaba siempre. Yo tenía como hincha número uno a Julián Andrade, apodado El Zurdo, hijo de quien fuera célebre compañero de andanzas de Juan Moreira. Le encantaba escucharme cantar y se hizo hincha, así que se ofreció para colaborar conmigo al hacerse el escrutinio de votos en la final. No sea cosa que le metan el perro, me dijo. Y yo, que no tenía hinchada, acepté. Al Zurdo lo ayudó un gran amigo, Yiyo Gogorza. Realizado el escrutinio, gané por cuatro votos, ante el aplauso de la gente; presenciaron esa final por lo menos 200 personas. (José Angelillo, capítulo 4, hecho ocurrido en el año 1935).

Son muy importantes los aspectos cuantitativos reseñados a lo largo del libro. Cuando mencionamos, por ejemplo, esos bailes con 2.000 a 5.000 personas o más, según se hicieran en lugares cerrados o al aire libre. O aquellos Carnavales de 1950 en Tandil con doce bailes simultáneos, con la mitad de población que la actual. Y con referencias similares en todas las demás ciudades, incluyendo las más pequeñas. Pero el tango se sintió y se expresó en estas pampas también en términos cualitativos. Aquí se produjo música, y de la buena. Se compuso, se escribieron letras, se estudió muchísimo.

Que se trataba de tiempos muy distintos es algo sobre lo que todos coinciden. Horacio Nicolella escribió en “Ecos Diarios”, de Necochea (capítulo 12) , esta frase que lo dice todo: “... Años de una Necochea ya casi olvidada, a tal punto que se puede llegar a dudar que alguna vez hayan existido”.
Sea como sea, afirmar si aquel tiempo pasado fue mejor, peor o igual que el presente sería, por lo menos, imprudente. Es posible que se trate de un tema digno de una investigación exclusiva sobre el particular. Y el debate, aún así, quedaría abierto. Sin embargo, creemos válido transmitir una sensación que vivimos en el proceso de desarrollo de este trabajo: las emociones traducidas en lágrimas, en llantos. Muchos de los protagonistas que entrevistamos llegaron a llorar delante nuestro, por la emoción que les provocaba evocar tantos momentos gratos que iban relatando en las entrevistas, realizadas casi siempre en sus propios domicilios. Emociones que se transmiten, que seguramente se prolongará en los lectores y que -confesamos- sentimos nosotros también cuando entrevistamos a la gente y luego en el momento de concluir algún párrafo o capítulo.
Al respecto dejamos planteada esta gran duda, este gran interrogante, para la reflexión de cada lector: ¿Viviremos nosotros parecidas sensaciones, llegado el momento? ¿Las vivirán los pibes que ahora tienen veinte...?

Prólogos

Palabras de Natalio Pedro Etchegaray
Viento que lleva y trae recuerdos del pasado,
como el viejo perfume de un frasco destapado.

(Enrique Cadícamo).

Siempre digo que soy un hombre de suerte. Y hoy creo que una vez más puedo decirlo. Cómo no reiterarlo frente a la posibilidad de prologar esta obra pionera de Néstor Dipaola. Piense el lector de este libro la enorme cuota de emoción y de nostalgia que tienen para mí encontrarme, a propósito del tango, con una recreación de la vida cotidiana en Tandil y su región.
Siendo el tango el producto cultural urbano más importante que han sido capaces de concretar los habitantes del Río de la Plata, con epicentro fundamental en las ciudades de Buenos Aires y Montevideo, es muy oportuno estudiarlo en una comunidad, ubicada a más de 300 kilómetros de la capital, que si bien hoy se ha desarrollado ampliamente en lo urbano y fabril, durante muchísimos años dependió de su entorno rural.
En una adecuada posición para estudiar la historia de los hechos culturales, Dipaola sitúa la cronología de los protagonistas locales y regionales del tango en el marco socio económico de Tandil y su zona sin descuidar, cuando lo considera necesario, la referencia a la situación nacional e incluso internacional.
Con el paisano afincándose en las orillas de la ciudad y el inmigrante edificando su “hábitat” urbano al amparo de las artes y oficios que trajo de la vieja Europa; la guitarra y el canto pampeano de unos y la música universal y centenaria de los otros, dieron a luz un baile, una música y una canción que los hombres y mujeres del pueblo hicieron suya y aún con notables altibajos de popularidad, ha superado gallardamente su primer siglo de vida.
Desde el Fuerte inicial hasta la ciudad actual, Tandil conoció el malón indígena, la visión del inmigrante agricultor y sus difíciles relaciones con los criadores de ganado, la industria de la piedra y sus “montenegrinos” anarquistas.
También al gringo, al gallego, al turco y al rusito centroeuropeo, los vascos lecheros y los pioneros de las industrias alimentaria y metalúrgica, hasta desembocar en la ciudad universitaria y en el polo turístico serrano más cercano y apetecido por los porteños y sus vecinos del Gran Buenos Aires.
Paralelamente los maestros de música, los pianistas y los “orejeros” de la guitarra, el violín y el “fueye” y luego los músicos profesionales, fueron frecuentando el tango que, como en la gran ciudad, fue pasando de las casas “non santas” a los bailes del patio suburbano, a las reuniones familiares y especialmente a los centros y clubes que tanto contribuyeron a satisfacer las necesidades de encuentro de una comunidad cuyo crecimiento requería de nuevos lugares que posibilitaran el desarrollo de las relaciones sociales.
Este libro refleja el desarrollo de la vida familiar, social, deportiva y cultural; del teatro, el “biógrafo”, el cine sonoro y luego la radio y la televisión, ya que todas ellas, a su tiempo, albergaron el tango.
Leer y releer en sus detalles esta obra, constituye un disfrute invalorable para los que, como yo, tuvimos la oportunidad de haber crecido en Tandil, en un entorno de veneración gardeliana y de cine argentino del 40, para luego transcurrir la adolescencia y juventud en las épocas de “masividad” del tango.
Con este libro, Néstor Dipaola ha fijado por primera vez y con rigor histórico literario, las historias y versiones que supo obtener de la tradición oral lugareña y del análisis de escuetas noticias periodísticas, ambientándolas en un contexto social que le es ampliamente conocido, como lo ha demostrado en sus anteriores obras sobre la historia de Tandil.
Natalio P. Etchegaray (*)
Banfield. Octubre de 2001
(*) Escribano General de Gobierno de la Nación desde el año 1984. En diciembre de 1983 fue designado por el Presidente Raúl Alfonsín, como Rector Normalizador de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires, con sede en Tandil. Es tesorero de la Academia Porteña del Lunfardo. Académico de la Academia Nacional del Tango desde la fundación de la institución. Director de la Fundación La Casa del Tango. Presidente de la Fundación Americana de Cultura Urbana. Libros publicados.

Prólogo desde el sur

Néstor Dipaola es un periodista de raza. Y lo es de modo singular, con una personalidad no estandarizada y un hacer no rutinario. Vincula su labor a la actividad universitaria, profesionalmente, y escribe con los signos propios de quien, como un deber de conciencia y de responsabilidad como comunicador social, debe llegar a la mayor cantidad posible de lectores, consumidores de cultura, personas con derechos básicos a la información veraz.
Esto es poco decir, porque su formación está enriquecida por una sólida cultura, por su labor investigativa, por su seriedad en la búsqueda de documentación y fuentes fidedignas. Gana así la condición de escritor cuya producción no es meramente informativa, al tener vigor literario, humano, llegador por su espíritu y su sensibilidad y, además, por una materia que tiene alma y vida y que despierta el interés de significativos contingentes humanos, en la Argentina y en el mundo.
Mucho se ha escrito sobre el tango. Ricos son los fontanares que emergen, principalmente, desde Buenos Aires, para proyectar el sentimiento y la visión desde la megalópolis; poco es lo que se expresa bajo el escorzo del ser humano de provincia, cuando no de ciudad, de poblado, o de campaña. Los ejemplos representativos, históricamente. Contemporáneamente los situamos en unas pocas ciudades: Córdoba, Rosario, Santa Fe, Viedma, Bahía Blanca y Tandil.
Y digo poco, por lo realizado, porque si bien el tango se fue conformando en un tiempo mucho más prolongado del que se creyó usualmente en la bibliohemerografía producida en la ciudad de Buenos Aires, el desarrollo y la difusión posterior a lo que se denomina “orígenes” tiene lugar en todo el país, de manera tal que el tango porteño asume su condición de tango argentino. Los aportes, la creatividad y la producción en todas las facetas de la música tanguista, generados por las provincias constituyen un acervo de suma relevancia, se trate de la música, la letrística, la interpretación y el baile.
El autor de la presente obra comprueba el aserto, con una muestra de la ciudad a la que pertenece y también de la región austral, con contenidos que no son puramente técnicos y específicos del tango, consciente de que el tango es, como lo afirmamos nosotros, una resultante cultural, artística, musical y literaria, subsumida en un contexto, en la sociedad humana total, como realidad (lo ya acontecido, la historia) y como actualidad (el desenvolvimiento contemporáneo).
Los ingredientes que se fueron incorporando a esa resultante, en el tiempo, son antiguos, y por causa de las constantes migraciones de los seres humanos, también aparecieron en Tandil. Existe una continuada influencia cultural, estructuralmente hablando, de manera que ninguna comunidad local podría atribuirse la paternidad de aquello para lo que tiene aptitud creativa el espíritu humano. Ni Tandil, ni el sur argentino, podía permanecer indiferente a los influjos de una cultura afrolatinoamerindia.
Pero la escasa ponderación de las gentes de provincias en el conjunto de la Nación; la falta de una observación minuciosa de las aportaciones efectivizadas; los valladares impuestos consciente o inconscientemente por el sistema donde se desenvuelven el poder y los intereses, legítimos o no; el todavía vigente comportamiento de absorción de la cultura de nuestras regiones, desde los centros de poder político, social, económico y cultural, empujan a hacer creer en la falta de protagonismo del pueblo provinciano.
A lo mejor una distinción provisional habría que hacer, si es que realmente y con validez se puede hablar del cantor nacional y no del cantor a secas; el primero expresa con mayor intensidad esto que pertenece a todos los argentinos. Ni tampoco el lenguaje de las letras de tango es exclusivo, sino común, hoy día, a casi todo el país, cualesquiera sean las áreas idiomáticas que lo conforman, tema que también nos es desbrozado por Néstor Dipaola.
No podía faltar en una importante labor, como ya cumplida por el autor, la circunstancia del “fenómeno tango”, que en casos es similar a la acontecida en “La Reina del Plata”, dado que todas las cosas humanas no son muy diversas, en cierto sentido al menos y aunque la ley de la historia es que la realidad se diversifica cada vez más y con más versatilidad y dinamismo. Me refiero al ambiente social, a las “instituciones” sociales, a los ámbitos de ocurrencia del fenómeno, a los personajes, al drama humano, a los sentimientos, querencias y ternuras; a los amores y las broncas, a las solidaridades y rencillas; al día y a la noche, la paz y la guerra social, al machismo o la canyenguería; a los objetos culturales, en fin a la vida que alimentó a la versería gotanera y a la coreografía y a la música que generalmente es creada por sublimación sin advertirse que los sones del entorno, el canto del pájaro o la vibración cósmica están coadyuvando a la creatividad.
En todo caso habría que hacer más hincapié en la temática que es propia, específica, autóctona, en parte del medio. Es un modo que nos acerca al método investigativo y a las búsquedas hechas por Béla Bartok, de las raíces populares, antropología, etología y etnografía mediantes.
Más, limitando mi apreciación a los contenidos específicos de la obra, no es superfluo señalar, que de los mismos se deduce claramente la participación protagónica de ubicación sureña en esta porción de cultura representativa del ser argentino. Esto de que el tango nos representa tiene demasiados fundamentos. Más, digo: que nos representa a los argentinos.
Es dable advertir en el libro que los avatares y las relaciones del tango con otros aspectos de la cultura y también de los géneros musicales en particular, así como los mitos, leyendas y anécdotas y toda la infrahistoria, han tenido comunes denominadores en todo el territorio nacional, aunque la influencia de la música autóctona es más fuerte en las provincias; pero asimismo es innegable que la música negra ejerció influencias en la gran ciudad y en la campaña.
Seguramente, para tener un acabado concepto sobre el desenvolvimiento del tango en la región sur, sea necesario hacer recopilaciones y trabajo de equipo prolongado. Ya existe bibliografía y mucha más hemerografía acerca de esto. Igualmente, ricos cancioneros, gran producción de música y de letras; actividades variadas que informan acerca de vigorosos movimientos tangueros en todo el sur. Néstor Dipaola trata el tema con más desarrollo al referirse a su ciudad. ¡Que cada uno haga lo suyo en su sitio! De otro modo es imposible improntar la historia y la actualidad del tango.
A la larga, todo se compadece con una afectividad común y ontológicamente, todo es de nuestra naturaleza, la que Dios nos dio. Aquí se expresa también con el tango argentino.
Eduardo Giorlandini (*)
Bahía Blanca - Octubre de 2001
(*) El doctor Eduardo Giorlandini es miembro académico en las Academias Porteña del Lunfardo y Argentina de Artes y Ciencias de la Comunicación, y del Círculo de Poetas Lunfardos de Buenos Aires. Docente e investigador de la Universidad Nacional del Sur (Bahía Blanca) y vinculado a otras universidades nacionales; escritor, poeta, letrista de canciones y periodista independiente. Numerosos libros publicados sobre tango, lunfardo y Derecho.

ÍNDICE DEL LIBRO “ÚLTIMO TANGO EN EL SUR. UNA HISTORIA DEL 2 X 4 EN TANDIL Y LA REGIÓN”

PRÓLOGOS 17

Palabras de Natalio Pedro Etchegaray 17
Prólogo desde el sur 18

INTRODUCCIÓN 21

Algunas aclaraciones indispensables 21

CAPÍTULO I

ACERCA DE LOS ORÍGENES DEL TANGO 25

Viejos tiempos del Virrey Elío 25
El compadrito, la percanta, el barrio, el dolor 26
Cuando ignorar la noche era como un defecto físico 28
El tango, los inmigrantes italianos y Cocoliche 28
Las orquestas típicas 31
El cuarenta 31

CAPÍTULO II

LOS COMIENZOS DE LA MÚSICA
Y EL TANGO EN EL TANDIL 35

Tandil: ciudad próxima al segundo centenario 35
La cultura en el Tandil, antes y después de fundarse el Fuerte Independencia 36
La música como expresión cultural en el Fuerte y en la vieja aldea 36
El tango en Tandil: un antecedente en el año 1903 39
La década del veinte 40
Tangos tandilenses casi un siglo atrás 41
¿Adónde ir en 1920? 41
Muerte al tomar la curva 42
“Interesante pareja” 42
Clases de bandoneón y una orquesta típica en 1925 42
El “Tano” Lauro daba fiado ... 43
El “Picotazo” de Francisco Cosco 43
Las famosas Romerías Españolas 44
“Esos pasos de camello que nos injertaron los yanquis...” 44
“La porteñita” 45
La flor de los gauchos 46
Conventillos y peringundines 46
Carlos Gardel empieza a venir por la región 47

CAPÍTULO III

GARDEL MIRANDO AL SUR 55

Carlos Gardel en Tandil: seis presentaciones, todo un récord 55
La actuación de Gardel en Tandil del año 1918 55
Qué decía la prensa de la época 56
El repertorio 56
Y el toro salió en serio 57
De nuevo Carlitos en Tandil en 1922 57
Repite apenas dos años más tarde 58
Gardel en Tandil en el verano del treinta 58
Reportaje a Carlos Gardel en “Nueva Era” 59
La gigante despedida del año 1933 60
Histórico reloj de Carlitos, en museo tandilense 61
Gardel en la región: Azul y Olavarría 61
En Tres Arroyos y Bahía Blanca 62
Una aventura amorosa en tierras del sur 64
1935: el país sin Gardel 64
Polémica por Carlitos en revista religiosa lugareña 66
Dicen que se quedaron cortos... 67
Réplica de señoritas 68
Silencio en la parroquia y campaña moralista 69
La “limpieza” del comisario en los bailes de Carnaval 70
Gardel, su atracción por Tandil y el monumento que lo perpetúa 70
Un soneto para El Zorzal 70

CAPÍTULO IV

YO SOY DEL TREINTA 77

La orquesta de Fernando Consani, con Angel Vargas 78
Los Crespi y su “Renacimiento” 78
Vida social: Los chicos se divierten y organizan “asaltos” 78
Alegres mascaritas 79
Buen gotán en el pago de Gardey 80
Palacio Municipal: diferencias a la vista 80
Para no pasar papelones 80
La orquesta de los Nielsen 81
José Angelillo y aquel concurso del Bar París 81
“Así es el tango” 82
Juan Molina y Arnold González, dos tandilenses exitosos allá por 1937 82
Entre pumas y yeguas ligeras 83
Visitas distinguidas 84
Cuando el tango es el que manda 84
Tiempos en que Momo era tapa de los diarios 85
Aurelio “Nene” Galbassini: música en el Cerro 86

CAPÍTULO V

CUANDO TALLAN LOS RECUERDOS 95

Vida de pioneros 95
Isaías Alfredo Orbe 95
Juan Buscaglia, el tandilense amigo y compañero de Filiberto 97
La figura de don José Maisano 98
Constantino Basanta 99
Octavio Poli 100
José Leandro Ferrer, maestro de maestros 101
Sabrosa anécdota del maestro Ferrer 102
El testimonio de su hijo: “El bandoneón fue el corazón de su vida” 103
Don Pedro Delahorca: El oído mágico 104
El fuelle de don Salvador Cagnoli 106
Tres generaciones de brillantes guitarras: Gerónimo, Julio y Carlitos Ruvira 106
El cantante Carlitos Pugliese 108
El cantante Juan Carlos Casas 109
La cantante Toty Ramos 111

CAPÍTULO VI

LOS TIEMPOS DORADOS 125

Manteca al techo 125
“Salen colectivos desde el Bar Tito” 126
La música en los bares 127
Los músicos apoyaban a los “tuercas” 128
Verano del cuarenta y dos 128
Tiempos de Mario Clavell 129
Las señoritas del París 130
Canaro en Tandil 131
Música con turistas 131
Los músicos en el teatro, con “Ilusiones del viejo y de la vieja” 132
Nada menos que Abel Fleury 133
Yamandú, Angerami y los bailongos que no paran 133
Ya “mataba” Carlitos Pugliese 134
12 lugares para ir a bailar, 12 134
Canaro en Juan N. Fernández 135
Ballent Brothers 135
El arribo de los orientales, con Pintín Castellanos 136

CAPÍTULO VII

MITAD DE SIGLO: LA FIESTA CONTINÚA 145

Por cien años de gotán... 145
Anécdotas con Pugliese, Troilo y Castillo 146
El “Carnaval en la Selva” 146
Aquellos grandes dirigentes 147
Más bailables en el Palace 147
Bertolot, entre el tango y el folklore 148
Corsos, bailes y la “Chunga” 149
Periodistas se pelean por el amor... 150
Por cuatro días locos, te tenés que divertir 150
René Lavand y sus “milagrerías” 151
Diversión y progreso van de la mano 152
El ’56 entre bailes y proscripciones 153
Del “bicho moro” a la polémica por la polio 154
Miguel Donvito: otro aporte desde la vieja Italia 155

CAPÍTULO VIII

TANGO TANDIL FOR EXPORT 163

La jerarquía del Cuarteto Típico París 163
Merei Braín, entre Tandil y Pugliese 164
Beto Matti, un pionero del Cuarteto 165
Cuando grabaron en un importante sello porteño 166
El Cuarteto, el disco y la pluma de Ambrosio Renis 167
El cantor Horacio Andersen 169
El cantor Roberto Gorga 170
El Conjunto Municipal de Bandoneones 170
Las experiencias de Montevideo y Alemania 171

CAPÍTULO IX

EL ROCANROL VIENE MARCHANDO 181

Los incidentes con el rock no contagiaron a Tandil 181
Entre lo nuevo y lo viejo, Tita 182
Cuando Danilo le ganó a Leguisamo 183
Mujer concejala, tango y hula-hula 183
El sesenta: año de Farándula, del Tandil campeón y mucho más 185
Eva Ardiles, Benito Machado y Aquiles Caviglia 186
1962: Entre la casilla de Pito y el Dique del Fuerte 187
La carta de Yupanqui a Reyes Dávila 187
Un poco de “sociales” 188
La desopilante peña “La Rosca” 189
Rufino Pérez, un bohemio con fuelle y guitarra 191
Julio Almada, un cantor apasionado 191
Ricardo Deguer, entre la tinta y el canto 192
Vicente Ghezzi, el cantor de Villa Laza 192
Guito Zampatti, una gran voz para los tres palos 193
Víctor Núñez, el que siempre vuelve 194
La vigencia de Osvaldo Galbassini 194

CAPÍTULO X

TIEMPOS MODERNOS 209

Los setenta y después: Aquel festival grande 209
Miguel Testa, el pibe que se ganaba todo 210
Quique Galmán, del folklore al tango 211
Miguel Ferraggine y Argentino Irrutia 211
Cuarteto El Amanecer y Trío El Recodo 213
Patricia y Karina 213
El tango y la pintura 214
Por qué te quiero, Buenos Aires 215
Los difusores 215
El señor de los afiches 216
El tango en tiempos de la crisis profunda 216
El tango en el mundo: España 217

CAPÍTULO XI

ASÍ SE BAILA EL TANGO 227

No solamente El Mocho y El Cachafaz 227
Recuerdos del Manantial de los Amores 228
Mujer famosa: Gladys Carnevale 228
Juan Pinchentti: “Chispas en el piso” ... 230
Entre “Besos y piropos” 231
Argentino Gogorza, bailarín y “tachero” 231
La “Peña Angélica” 232
Quiterio Alí, el que “adornaba” con las figuras 232
Edgardo Juan Pinchentti 233
Mario Alberto Pérez, Carlitos Pagnacco, Felipe Rusconi 233
Décimas para don Juan y para Argentino 234
Una milonga para Argentino Gogorza 235

CAPÍTULO XII

AL BAILE DEL PUEBLO, CON EL FAROL EN LA MANO
(Vela, Benito Juárez, Necochea y Lobería) 251

El tango en Vela al compás de don Tomás 251
Un farol balanceando en cada mano 252
Rubén Ferraro y otras figuras velenses 252
El Benito Juárez de los Schettino y Carlos Bona 253
El fuelle vigente de Alberto Raúl (“Cholo”) Schettino 254
El músico que murió abrazando el instrumento 256
“Gracias al fuelle me hice la casita” 256
El cantor Abel Raúl Duarte 257
Necochea, de la mano de los Sallago 257
Martín Azcueta y Héctor Laino, cantantes necochenses 258
Rosalía, “Casablanca” y otras pinceladas 259
Los fuelles Pascual Elía y Orlando Dibelo 262
Nicolella: Otro letrista que le escribió tangos a su terruño 263
En el pago de Lobería 263

CAPÍTULO XIII

POR ALGO ROSSI RIMA CON EMILIOZZI
(Olavarría y Azul) 273

Olavarría y un sinónimo de tango: los Rossi 273
Primera “Orquesta Rossi”, allá por el ’27 274
Privilegiados 275
Anécdotas y algo más 276
Olavarría de ayer 277
El acoso 277
Rubén Fuentes, bandoneonista de Olavarría 278
Roger Lacoste, fuelle y compositor 278
Tangos precoces 279
El Quinteto Típico Argentino, de Azul 279
Los Ases del Tango, Típica Florida y otros grupos azuleños 280
El gran cantante Alberto Perissé 280

CAPÍTULO XIV

MÚSICOS ENTRE EL BARRO Y EL VIENTO
(Ayacucho, Rauch y Las Flores) 287

El ayacuchense Ebert Giúdice y la Five Stars 287
El aporte de José Di Lelio, todavía con plena vigencia 288
El fenómeno del Club Sarmiento de Ayacucho 290
El fuelle de un grande: Malvestitti 290
Rauch con Los Rítmicos y la Típica Almandoz 291
Otros recuerdos de don Aníbal 292
Las Flores: Desde la “Florida” hasta “Las Flores Tango” 292
Roberto Firpo y Agustín Bardi 294

CAPÍTULO XV

EL SUR TAMBIÉN EXISTE
(Gonzales Chaves, Tres Arroyos, Bahía Blanca, Carmen de Patagones, Viedma, Colonia del Sacramento) 301

El “Chavero Soy” que llegó a Juan Darienzo 301
La orquesta chavense de los hermanos Gáspari 302
Tres Arroyos de la abundancia 303
El cantor Arnaldo Etchegoyen 304
Trabajábamos más que en Buenos Aires 305
El cantor Juan Carlos Jalle 306
El fuelle del contador 307
Abel Fleury, Huracán y otros tangos tresarroyeneses 307
Si te dejaran volver 309
Bahía Blanca: Una historia de música, bailes y poesía 310
Cobián, Di Sarli, Charlo 311
Viedma-Patagones: Los lanchones que adormecen la ribera 312
Mar del Plata, con Piazzolla a la cabeza 313
Algo sobre el interior de la Banda Oriental 314
Colonia del Sacramento 315
El músico coloniense Aldo Asandri 316
El tango de la Camerata Punta del Este 317
El cantor Lombardini, de Paysandú, y los tangos de “Los Iracundos” 317

CAPÍTULO XVI

LÁGRIMAS, SONRISAS, ANÉCDOTAS Y PERSONAJES
(Notas sueltas) 327

Apuntes y reflexiones de Angel Menégaz 327
El tango y los jóvenes 329
Con el tango del brazo y por Tandil 329
Despedida de soltero a un integrante del grupo de los lunes 332
Anécdota y evocación de Teodoro Zeballos 333
Acerca de Fernando Juan Consani 333
Recuerdos del Viejo Luis 334
Cantor y gran “personaje” fue Carlitos del Campo 335
Cacho Casino, Archiprete y Celestino 336
Chito Rodríguez: Anécdotas de un cantante de boleros 336
Otras cosas y cositas 338
Los que se nos quedaron en el camino 339

APÉNDICE

LETRAS EN EL SUR 351

Compositores y letristas del tango regional 351
Duggan y Olivero 351
De mis tiempos 352
En casa están de fiesta 352
Resignado 352
Esquina 353
Chavero soy 354
Abuelo Pedro 354
Ejemplo de bondad 354
Mi Chaves, cómo has cambiado 355
A la vieja París 355
El pueblo donde he nacido 356
Viejo Necochea 357
Otras letras de Nicolella 357
Aguja brava 358
Manuel Tomas y sus “Brisas Tandileras” 358
Poema para Paco 359
Zamba de La Movediza 359
La poesía de Lauro Viana 360

ALGUNAS REFLEXIONES A MODO DE CONCLUSIÓN 363

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- Néstor Dipaola -
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Tandil - Provincia de Buenos Aires - Argentina