Libro "La Ciudad de las Sierras" - Sexta edición
  • 380 PÁGINAS Y 700 ILUSTRACIONES
  • LA NUEVA CONCEPCIÓN DE LA HISTORIA
  • LA CUESTIÓN DEL INDIO DE NUESTRA REGIÓN
  • LOS PRIMEROS INMIGRANTES
  • LA GANADERÍA, AGRICULTURA, COMIENZO DE LA VIDA COMERCIAL E INDUSTRIAL.
  • LAS PRIMERAS ESCUELAS, EL SURGIMIENTO DE LAS ACTIVIDADES DEPORTIVAS. Y MUCHO MÁS

La sexta edición de “La ciudad de las sierras”, la historia de Tandil de Néstor Dipaola, vio la luz en los últimos días de marzo de 2013. Es una obra totalmente remozada, de 380 páginas y por primera vez a todo color.
El libro está dirigido a locales y turistas, docentes, estudiantes e investigadores. Hay una profusa información en 15 capítulos, con más de 700 ilustraciones entre fotografías antiguas, paisajes y dibujos artísticos.
Respecto de la cuestión indígena, los primeros cuatro capítulos transcurren en ese terreno. Se trata de una nueva visión de la historia, y obviamente una mirada que va más allá de la antigua “historia oficial”.
En lo que tiene que ver con el crecimiento y transformación de la aldea en ciudad, se sostiene el autor que los pasos fueron lentos pero firmes. Existieron en Tandil pioneros encomiables como Juan Fugl, Ramón Santamarina, los Bariffi, Selvetti, Zarini, entre tantos. Estos y otros hombres y mujeres marcaron una diferencia sustancial que favorecieron el crecimiento. Así es como Tandil se adelanta, por ejemplo, en la fundación de instituciones. Entre 1850 y 1900 nacieron largas decenas de escuelas y sociedades vecinales de diversa índole. Una excepción a la regla podría ser la Escuela Normal, formadora de maestros y maestras, que llegó un poco tarde (1910) por falta de edificio.
El libro presenta una considerable cantidad de agregados en todos los capítulos. Y un capítulo nuevo que reúne las poblaciones del partido y el surgimiento de las ciudades limítrofes. Entre otros, fue ampliado el capítulo sobre Deportes, y el que se titula “Fiestas y costumbres”. Ambos reflejan los más fuertes sentimientos de la gente en las distintas épocas.

Libro "La Ciudad de las Sierras" - Quinta edición



"La Ciudad de las Sierras"
RESEÑA HISTORIA DEL TANDIL

Prólogo a la quinta edición - por Julio Ramón Varela.

El dios Toth, inventor de la geometría y las artes plásticas, le ofrece al rey de Egipto el invento de la escritura. Le asegura que con eso va a conservar la memoria del pueblo y que va a ser un invento valiosísimo. Y el rey, en verdad otro dios, le dice que no, porque con la escritura cualquiera va a pasar a ser otro sabio y no va a tener necesidad de recordar. O sea que la memoria va a desaparecer.
Este es un texto de Platón, idea o leyenda, no se sabe, ¿pero quién se puede atrever a desmentir al filósofo o al menos a ese personaje creado por él que augura la muerte de una criatura, casi como una maniobra abortiva de lo que sería el mayor invento de los tiempos? Aún con las disculpas del caso hacia el filósofo por excelencia, Toth tenía razón y estuvo amparado por la historia.
El mundo siguió andando y los pueblos desarrollaron su cultura esculpida en el tiempo. Pero también .
Esta observación, si se quiere osada, es la que deviene de ese enfrentamiento preliminar con los borradores que poco a poco van construyendo la forma de libro y que le permiten a uno el placer de sentir y ver la gestación de un acto creativo, algo que comúnmente resulta un hecho solitario.
Leer algunos capítulos antes que éstos vean la luz tiene un impacto diferente. Permite un distanciamiento y olfatear las intenciones sin olor a la tinta fresca cuando el producto ingresa por primera vez al mercado. De ahí que este choque con las hojas todavía desordenadas de La Ciudad de las Sierras, quinta edición, y de verdad ampliada y corregida (concepto que se reitera porque ese latiguillo ha sido más de una vez un falaz artilugio para vender más de lo mismo) provoca la sensación de estar ante todo, y perdonando la obviedad, con un periodista que escribe historia.
No hay una referencia axiológica en la apreciación. Los periodistas siempre se codearon con el pasado porque describen los hechos sucedidos, aunque titulen en presente. Las viejas crónicas de ignotos periodistas que lo eran sin saberlo forman parte de ese entramado de reconstrucciones en busca de la verdad más aproximada, como si fuera un culto, con la seguridad de que la fe para encontrarla superará a la revelación más estentórea.
En ese sentido, este trabajo sobre nuestra ciudad enfrenta los riesgos de toda tarea de rastreo e investigación, en el que el hallazgo de una foto tiene la misma dimensión que la palabra justa para definir un momento conflictivo y de miradas dispares.
Néstor Dipaola se ha parado como periodista frente a la historia y esto le permite, ante todo, no sólo manejarse con el mayor rigor posible sino con la herramienta de un estilo que conoce a la perfección y que le concede a la obra lo que, a veces, otras no pueden: el abordaje llano y directo.
No es algo menor si se tiene en cuenta, por un lado, la diversidad de los contenidos abarcados y, por otro, el desprestigio, tampoco casual, en que han caído las ciencias sociales para que se transformen en terrenos áridos propensos a la pereza de quienes no son lectores consuetudinarios, es decir la mayoría.
Si la solidez profesional es importante, es urgente la pasión y el compromiso. Si es ineludible la riqueza de la prosa, es indispensable el lenguaje atractivo y comprensible. El género de la divulgación histórica es complejo porque debe articular lo excelso de la literatura con la rigidez del estudio. Por eso el doble mérito de este trabajo de exposición e interpretación que no elude la necesidad militante a la hora de enfrentar los sucesos. Es así como se produce el milagro de lo que bien podría llamarse “un libro para todos”, sentencia que muchos intelectuales rechazarían como elogio y lo tomarían como una maldición.
Dipaola tiene un tránsito en las causas populares de la cultura, incluso con la organización de varias actividades por fuera de lo periodístico, y esa impronta se trasluce en este libro que por voluminoso no es difícil de seguirlo, con la variante de que puede ser paso a paso, o sorteando capítulos para retroceder sobre ellos. No hay una elaboración lineal, al menos que resulte obligatoria para la lectura. Las temáticas son tan apetecibles (desde la mirada costumbrista hasta la observación aguda y subjetiva, a pesar de ser un periodista) que el lector puede navegar del principio al final o, si lo prefiere, a la inversa.
El armado temporal de la historia de Tandil parece contemplarse sin menoscabo de los hechos en sí mismos que hasta pueden leerse como una ficción aunque sepamos que no lo son.
El apéndice que permite el trabajo en el aula o en la casa con los estudiantes, es un elemento que no se puede soslayar y que convierte al libro en una especie de manual sin recetas sobre la historia, pero sí con mojones claros sobre los momentos cumbres y culminantes de nuestro pasado, lo que por otra parte refleja la coherencia con la acción cultural de Dipaola antes descripta: aportar a su terruño, a una región en la que no abundan historiadores del propio pago -por suerte Tandil es casi una excepción- y en particular a un sentido se diría militante con las causas y los azahares más cercanos que tenemos pero que no siempre vemos.
Es importante aclarar que con su enfoque, el “Dipa”, evita el facilismo de la fragmentación televisiva. La llaneza no está ahí y con la articulación desacartonada de lo que nos relata, desafía al sentido común, lo impulsa a reflexionar y madurar. Incluso a pensar nuestra historia de otra manera. Este es precisamente el costado periodístico de la obra, saberse incluso que lo escrito puede ser cuestionado como cualquier artículo de opinión. Y esto revitaliza su valor educativo ya que no todo está dado para ser consumido sin chistar, algo que nuestra enseñanza cultivó durante años con el específico fin de cercenar el espíritu crítico.
El título quizá limite la profusión de información ya que ésta excede a Tandil y las sierras, porque se habla también de mentalidades y de huellas dejadas por hombres y mujeres de carne y hueso. Pero ocurre que Dipaola ha buscado un símbolo que opere a modo de síntesis. Un artilugio muy periodístico.

JULIO RAMÓN VARELA, 23 de marzo de 2009 - Julio Varela es periodista y escritor del Tandil.



Subir


- Néstor Dipaola -
historiadordetandil@gmail.com - nestordipaola@yahoo.com.ar - Teléfono móvil: 0249-154-628639
Tandil - Provincia de Buenos Aires - Argentina