Libro "Centenario del Club Ramón Santamarina"

Libro "Centenario del Club Ramón Santamarina"

En “La Tienda de Ramón” y en Alfa Librería, se sigue vendiendo el libro del centenario del Club y Biblioteca Ramón Santamarina, escrito por Néstor Dipaola y que vio la luz en octubre de 2013.


Palabras introductorias del autor

Veinte años atrás, alguien me habló de unas computadoras portátiles, que en Tandil todavía no se conocían. O, al menos, no estaban en el mercado. Por entonces, yo recién empezaba a “carretear” con las antiguas PC 286. Me resistía bastante a ellas, tal vez porque desde los 13 años, usaba en mi casa una “flor” de máquina, como era -y es, porque la conservo- aquella Remington puro hierro, de 130 espacios.
Mi padre, que ape nas escribía lo imprescindible para sus necesidades con un lápiz marca Faber, fue quien tuvo la gran intuición. Él me veía escribir cartas, relatos, textos para el colegio u otros que hacía solamente por placer, desde los ocho o nueve años, en un cuaderno marca “Tamborcito”. Con el Faber o con alguna birome, que ahora le llaman bolígrafo, pero cuyo nombre original sirve para homenajear a su inventor, el húngaro-argentino Ladislao Biro.
Sin aviso previo, mi padre se apareció en casa, en un sábado otoñal, con esa Remington enorme, fabricada por los años cuarenta del siglo pasado. La había comprado en un remate. Abandoné enseguida el cuaderno y el lápiz, salvo para las cosas del cole. Me familiaricé rápidamente con esas ruidosas máquinas de escribir. Cuando a los 17 años recién cumplidos empecé a desempeñarme en el diario El Eco, realizando en un principio crónicas y comentarios de los partidos de los  domingos, me enteré que había otra marca famosa: la Olivetti.
Tanto tiempo  había trabajado con esas maquinarias, que llegué a pensar que jamás iría a manejar una computadora. Hasta que en noviembre de 1992 en el diario se produjo el cambio tecnológico tan esperado sobre todo por los lectores: la incorporación de la moderna tecnología con impresión offset. Salvo las impresoras, que son rotoplanas con funcionamiento mecánico, el resto de los pasos se deben realizar a través de las computadoras. La escritura, el diseño y demás. Me adapté pacientemente. Y el avance fue tan rápido que muy pocos meses después compré la primera computadora portátil. Ese aparato moderno y de marca desconocida -Bondwell- me “cambió la vida”. Es más: me cambió todo, o casi. Hasta mis hábitos. Compré una buena mochila para trasladarla cómodamente de un sitio a otro. Supongo que he sido el  primero en Tandil en instalar esa “insólita” modernidad en la mesa de un bar.
Este relato no tendría razón de ser si no fuese porque enseguida descubrí la posibilidad del archivo. Una facilidad que fue mejorando año tras año con la fabricación de compus cada vez con mayor capacidad de almacenamiento.
Por el año 2003, ya andaba por lo menos por la cuarta portátil nueva. Ahora perdí la cuenta. Nunca me inquieté por poseer el tan anhelado - para muchos- coche cero kilómetro. Pero desde aquella inicial y extraña “Bondwell”, me sigo desviviendo por mejorar el nivel de estos aparatejos.
Menciono el año 2003, porque en ese entonces restaban diez años para el centenario aurinegro que hoy celebramos. Y ya pensaba en el libro, como no podía ser de otra manera. Así fue como fui archivando textos y fotos en cada compu portátil. Carpetas y subcarpetas. Lo primero que empecé a encarpetar fueron aquellas entrevistas, del estilo de las “historias de vida”, que venía realizando desde que empezamos en 1992 con el suplemento “La Vidriera”, en El Eco de los domingos. Se trata de una apasionante práctica de periodismo cultural, que no es otra cosa que ese periodismo que se hace libro al andar. Fui archivando por tema, por apellido, por año. Acuña, Angerami, Galotto, Ghezzi, Pastor, Pintore, Quinteros, por ejemplo. También artículos con racontos históricos, crónicas, comentarios. “Todo está guardado en la memoria”, canta el gran León. Pero también en estos modernos ordenadores.
Esos diez años desde el 2003, transcurrieron casi sin darnos cuenta. Y aquí estamos, con el libro concluido. Seguramente faltarán acontecimientos, nombres, recuerdos. Pero es inevitable, si tenemos en cuenta que todas las historias son abiertas. Habrá, ojalá, otras ediciones u otros libros, de otros autores. Pero esto es lo que hoy hemos podido dejar para la posteridad.
Si he citado al diario El Eco de Tandil, donde empecé a hacer crónicas deportivas en mis tiempos de adolescente, y ha sido para mí la mejor escuela de periodismo, no puedo dejar de mencionar a la Universidad Nacional del Centro. Soy un producto de ella. Empecé como alumno, en 1971, cuando todavía era privada y el Rector era su propio fundador, el doctor Osvaldo Marcelino Zarini, ese gran maestro pionero de los estudios terciarios en todo el sudeste provincial. Esa formación académica y los años transcurridos como docente y no docente en las áreas de Cultura, me permitieron centrarme, desde hace algunos años, en la investigación histórica local y regional. Tal vez por eso, el lector se va a encontrar con un trabajo -el presente- en el que la historia del club va asociada a los ejes más importantes de la historia lugareña y nacional, en el marco del complejo entramado del siglo veinte.

NÉSTOR DIPAOLA
nestordipaola@gmail.com


TEXTO PUBLICADO EN DIARIO LA VOZ DE TANDIL

NESTOR DIPAOLA Y EL “LIBRO GORDO DEL CENTENARIO”

El club Santamarina, un siglo recorriendo la historia tandilense

Son 300 páginas de un tamaño bastante parecido al tabloide, es decir, casi como un diario.
Enorme. Impactante. Tanto, como para enamorarse a primera vista del libro de los cien años del Club y Biblioteca Ramón Santamarina, que acaba de ser presentado.
Su autor, Néstor Dipaola, asegura que “más que el libro del club, es un nuevo libro sobre historia de la ciudad”.

Como es sabido, el periodista y escritor citado, es autor también de varios libros sobre la ciudad y la región. Su clásico “La ciudad de las sierras” ya va por la sexta edición.
El colega, declaró a LA VOZ DE TANDIL que “la historia ha dejado de lado, en general, algunos temas tales como las fiestas, los deportes y las emociones. En ese aspecto el pionero fue Félix Luna, que a través de la revista ‘Todo es historia’, difundió artículos referidos a estas temáticas u otras que estaban olvidadas. Y un club contiene todo eso. Porque el deporte es historia y refleja pasiones y emociones de la gente en un momento determinado. El caso de Santamarina, en tal sentido es emblemático, porque fue el club de fútbol multi campeón del siglo veinte, con notoria superioridad en cantidad de títulos obtenidos, respecto del resto. Pero además fue el más importante en el boxeo, protagonizó grandes clásicos de básquet, tuvo campeones en atletismo, casín, ciclismo, entre otras actividades. Como si fuera poco, en la vida social ocurrió lo mismo, con los bailes, con los artistas que se presentaron en el club, desde la orquesta de Francisco Canaro hasta el ilustre catalán Joan Manuel Serrat, los Titanes en el Ring, Julio Sosa, por ejemplo. Las más importantes expresiones artísticas del país e incluso del extranjero, se dieron cita en el gran gimnasio de la calle Hipólito Yrigoyen al 600”.

Cabe destacar que este libro de 300 páginas puede ser definido como un paseo por la ciudad y alrededores, a través de la historia aurinegra. Está impreso a todo color, contiene cerca de mil fotos y una de las primeras de ellas es la de la Piedra Movediza todavía oscilando. El autor explica que ello ocurre “porque el club nació al año siguiente a la caída de nuestra Piedra Madre. Y luego se fue emparentando con los principales acontecimientos de la vida tandilense, como por ejemplo el nacimiento del Parque Independencia (1923), del Calvario (1943), el Dique (1962), entre otros sucesos que en este libro destaco con información y fotografías, ya que la historia del club no es para nada ajena a la historia de la ciudad”.
Señaló asimismo que se trata de “un trabajo que lleva mucho tiempo, años. Yo empecé hace exactamente una década, tras los festejos por el 90 aniversario. Porque hubo un grupo que aun en los peores momentos tristes de la quiebra y demás, siempre nos hemos reunido para brindar cada 20 de diciembre, día fundacional. Entonces, en aquel momento pensé que una década más tarde estaríamos viviendo el centenario, y que había que prepararse. En aquel tiempo -2003- las computadoras portátiles ya venían con mucha memoria. Ello me permitió ir almacenando datos, textos, pero también fotos”.
Dijo también que pudo utilizar muchos artículos suyos, así como entrevistas diversas, realizadas a ex deportistas. Junto con el trabajo periodístico previo, destacó Dipaola su condición de graduado en la Universidad Nacional del Centro, la tarea como docente primero y luego como en el área cultural de la casa de altos estudios. “Eso ayuda mucho. Siempre digo que soy producto de la Universidad Nacional del Centro, en la que empecé a estudiar cuando todavía era privada”.


TEXTO REPORTAJE EN DIARIO EL ECO

LOS 100 AÑOS DEL CLUB Y BIBLIOTECA RAMÓN SANTAMARINA, CUMPLIDOS EN 2013

“La historia de Santamarina termina siendo un libro más sobre historia de Tandil”, afirma Néstor Dipaola

Uno lo observa y parece, realmente “el Libro Gordo de Petete”. Uno lo levanta y parece una pesa de cualquier gimnasio. Pero es el libro de los cien años del Club y Biblioteca Ramón Santamarina, que acaba de ser presentado.
Su autor es nuestro compañero de tareas Néstor Dipaola, con quien charlamos sobre el particular.

-¿Por qué un libro sobre la historia de Santamarina, más allá de celebrar el centenario?
-Muchas razones. En lo personal, soy simpatizante (o hincha, para no emplear eufemismos) desde chico.
-¿Y cómo se compatibiliza eso con el periodismo deportivo…?
-Es cierto, empecé en el diario con las crónicas domingueras, cuando tenía 17 años, y al mes siguiente estaba comentando el clásico Santamarina vs. Ferrocarril Sud. Muchas personas no me creen cuando digo que a la hora de escribir las crónicas y comentarios me olvidaba de cualquier partidismo. O, a la inversa, a veces se cae en el otro extremo y uno parece hincha de Ferro a la hora de escribir. Puedo jurar y rejurar que jamás se notó la simpatía a la hora de comentar.
-Retomando, ¿qué otras razones…?
-Siempre he sostenido que la historia ha dejado de lado, en general, algunos temas tales como las fiestas, los deportes y las emociones. En ese aspecto el pionero fue Félix Luna, que a través de la revista “Todo es historia”, difundió artículos referidos a estas temáticas u otras que estaban olvidadas. Y un club contiene todo eso. Porque el deporte es historia y refleja pasiones y emociones de la gente en un momento determinado. Vaya si no es importante investigarlo y escribirlo, entonces. El caso de Santamarina, en tal sentido es emblemático, porque fue el club de fútbol campeón del siglo veinte, con notoria superioridad en cantidad de títulos obtenidos, respecto del resto. Pero además fue el más importante en el boxeo, protagonizó grandes clásicos de básquet, tuvo campeones en atletismo, casín, ciclismo, entre otras actividades. Como si fuera poco, en la vida social ocurrió lo mismo, con los bailes, con los artistas que se presentaron en el club, desde la orquesta de Francisco Canaro hasta el ilustre catalán Joan Manuel Serrat, por ejemplo.

Público y libros, en el acto de presentación

 Un paseo por la ciudad y alrededores…

-¿El libro va más allá de la historia de una institución, entonces?
-Por supuesto. Son trescientas enormes páginas en un libro que excede la historia del club, para terminar siendo un libro más sobre historia de Tandil. Por ejemplo, las primeras fotos que aparecen, de las casi mil que se publican, tienen que ver con el Tandil de principios de siglo y con la Piedra Movediza todavía oscilando. Luego se relatan los surgimientos del Parque Independencia, del Calvario, el Dique, entre otros acontecimientos.
-¿Para ubicar al lector en un contexto histórico general?
-Sí, para facilitar la interpretación de ciertos hechos. Muchas personas que han leído el libro, ya me ha dicho en la calle que están conociendo numerosos datos referidos a la historia de la ciudad, con la lectura de este trabajo. Quiere decir que el enfoque que pretendí darle, fue acertado.
-¿Cómo se gestó la idea del libro del club?
-Yo ya la tenía incorporada en la mente, como algo “obligatorio”. Y me encontré con la excelente disposición de la Comisión Directiva, para editarlo. Gráfica Independencia, para imprimirlo. Y la librería Alfa, para la venta. Los tres, es decir autor, imprenta y el comercio vendedor, dispusimos ceder los honorarios al club, para que el importe de la venta sea a total beneficio de las obras a realizarse en el flamante “Predio Centenario”, allí en Sans Soucí. Ahí está el anhelado renacimiento institucional del club.
-¿Es un trabajo que lleva meses?
-Años. Yo empecé hace exactamente una década, tras los festejos por el 90 aniversario. Porque hubo un grupo que aun en los peores momentos tristes de la quiebra y demás, siempre nos hemos reunido para brindar cada 20 de diciembre, día fundacional. Entonces, en aquel momento pensé que una década más tarde estaríamos viviendo el centenario, y que había que prepararse. En aquel tiempo -2003- las computadoras portátiles ya venían con mucha memoria. Ello me permitió ir almacenando datos, textos, pero también fotos. Y a la hora de ponerse a redactar el libro nuevo, ese cúmulo de información implica una ayuda enorme. Hay que darle forma, nada más. No es poca cosa, claro, pero ya está la base de investigación realizada.
-¿El oficio de periodista durante tanto tiempo facilita las cosas a la hora de escribir estas historias tan apasionantes?
-Claro. Pero también el hecho de haber escrito antes, unos cuantos libros sobre diversos aspectos de la historia de Tandil. Me resultó útil mi desempeño en distintas páginas de El Eco durante más de cuatro décadas, pero también mi condición de graduado en la Universidad Nacional del Centro, y trabajador de la misma en la faz cultural. Siempre digo que soy producto de esta casa de estudios que nació orgullosa como emprendimiento privado quijotesco, y hoy es una de las universidades nacionales de mayor prestigio en América Latina.

AQUÍ EMPEZÓ LA HISTORIA. Actual Plaza José Santamarina. Un siglo atrás, esos terrenos eran propiedad de esta persona, uno de los hijos del pionero don Ramón. El Intendente Antonio Santamarina intercedió para que el flamante club pudiera utilizar ese predio durante un tiempo prolongado, para la cancha propia. Llenos de júbilo, algarabía y agradecimiento, los fundadores decidieron llamar a la naciente institución “Club y Biblioteca Ramón Santamarina”, como homenaje a Ramón hijo, que había nacido en Tandil y su repentina muerte, cuatro años atrás, había provocado mucha tristeza en los tandilenses de la época. Había sido uno de los benefactores de la ciudad. (Foto obtenida por Martín Santamarina, fotógrafo artístico de profesión y descendiente de aquellos pioneros).

 -¿Cómo se abordó el espinoso y lamentable tema de la quiebra y pérdida patrimonial por parte de la institución?
-Eso requeriría una exhaustiva investigación para publicar, en todo caso, un libro entero sobre el asunto. Pero igualmente hay bastante. Son muchos los culpables, por acción u omisión, incluyendo las máximas autoridades municipales de la época, década del noventa. Que, por otro lado, no es casual que haya ocurrido en esos tiempos de desesperanza, del “sálvese quien pueda”, de desocupación y miserias. Hoy no hubiera ocurrido, porque la gente hubiera salido a la calle y lo hubiese impedido.
-Lo interesante es que después de perder todo, increíblemente el club se mantuvo siempre, ¿verdad?
-Es impresionante. Volaron los predios, los ladrillos, las canchas y los teatros. Pero al haberse conservado la pasión, se preservó el alma. Sana y salva. Yo comparo este caso con lo que eventualmente puede ocurrirle a una familia que de la noche a la mañana pierde todo por culpa, por ejemplo, de un incendio o una inundación. Son catástrofes que arrasan con todo. Pero mientras quede la gente y los sentimientos, todo lo perdido en algún momento se recupera.

(Reportaje al autor, publicado en el diario El Eco de Tandil, octubre 2013).

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- Néstor Dipaola -
E mail: historiadordetandil@gmail.com - Teléfono móvil: 02293-15628639 - Tandil - Pcia. de Buenos Aires - Argentina