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LA MOVEDIZA ES GARDEL
Por Néstor Dipaola

Y empecé a asociar ambos rostros…
Y ambos mitos, sobre todo.
Asocié los orígenes enigmáticos de los dos. Es decir, el nacimiento.
Es imposible determinar cuándo y cómo esa Piedra, una más entre tantas, un buen día se hizo Madre al ubicarse Todopoderosa encima de una pequeña base y como si fuera poco, moverse.
Mientras tanto, por Carlitos se pelean casi a muerte los investigadores que aseguran que es francés y quienes han conseguido elementos importantes para ubicarlo en Tacuarembó, en el norte de la Banda Oriental.
Me acordé también de las azarosas vidas de Ella y de Él.
La “Piedra que Late” le dio el nombre a Tandil. O contribuyó bastante para ello.
Pero cuando llegó la “civilización” la pasó bastante mal. La obligaron a romper botellas para que demuestre su movimiento. Le pintaban la cara como si integrara una murga o comparsa de Carnaval.

Vida paralela…

Casi simultáneamente, el Mago se crió entre la pobreza y la orfandad. Y en los primeros años del siglo anterior  hasta le pegaron un tiro mientras se estaban peleando dos malevos en una oscura esquina porteña.
Pero siguieron. La Piedra y don Carlos.
Aprendieron enseguida que “la lucha es cruel y es mucha”, y así se sintieron fuertes y pudieron burlarse del destino.  Y terminaron siendo mimados por todos.
A Ella, iban a verla por su figura de bellísima mujer.
En el caso de Él, iban a escuchar esa voz privilegiada y única para ese tango que alguna buena madre acababa de parir en el Río de la Plata.
Y uno, tandilense orgulloso, hasta puede suponer que el tango es hijo natural de nuestra Piedra Madre. Que es generosa y que todo lo puede.
La Piedra y Carlitos.
Madre y Padre.
Vidas paralelas, o casi.
Él venía en tren a Tandil. Muchas veces.
Ella empezó a recibir más visitas y más mimos, desde que el tren fue traído a estas tierras para afianzar el progreso.
Ella mostraba orgullosa su figura y su estirpe de danzarina. Una artista impecable.
Como Él, que cantaba como nadie lo hizo ni podrá hacerlo nunca.
Únicos, entonces, la Piedra y Carlitos.
Mitos.
Genios.
Maravillas universales. En la vida, pero en la muerte también.
Ella se fue algo antes, de la forma más trágica que jamás nadie pudo imaginar.
Él también acabó sus días enmarcado en la tragedia y las lágrimas de todos.
Carlitos le sobrevivió apenas 23 años. Como murió en las alturas y bastante lejos, recién lo pudieron velar y hacerle funeral unos cuantos meses más tarde.
En cambio a ella la hemos velado durante 95 años. Hasta que decidimos abandonar el llanto y hacerle un monumento al que dimos en llamar “réplica”. Algo es algo. A la Piedra Madre se la disfruta, como disfrutamos a Carlitos a pesar del paso del tiempo.

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