Jul 2017
SE TRIBUTÓ MERECIDO HOMENAJE A ARGENTINO IRRUTIA
“He andado muchos caminos y he sembrado siempre cosas buenas…”
Esos versos del poeta español Antonio Machado, le sientan muy bien a don Sixto Argentino Irrutia. Así él lo expresa y de ese modo define su personalidad y vitalidad en estos 74 años y sesenta con la guitarra en los escenarios.
Con absoluta justicia, fue homenajeado a principios de noviembre de 2016 en Bar Cultural Uni, ahí en las instalaciones del Centro Cultural Universitario.
De perfil bajo, él sostiene que no hacen falta demasiadas palabras porque “la guitarra habla por mí”.

Este gran músico nació en Ayacucho el 23 de abril de 1942 pero vive en el Tandil desde muy pequeño. Se desenvolvió prácticamente toda su vida en Villa Italia y estudió en la emblemática escuela 21 de dicha barriada. Un vecino que tuvo, y compañero ilustre de colegio, fue el recordado Miguel Ferraggine, aquel tecladista que nos dejó hace un tiempo.
Tras haber cumplido 60 años con la música, el Centro Cultural Chapaleofú le organizó un merecido homenaje que tuvo lugar en Bar Cultural Uni, Hipólito Yrigoyen al 600. Se le entregó la distinción Ñuke Curá (Madre Piedra).
El maestro acompañó a una veintena de cantantes de tango y folklore, junto al joven Sebastián Mohuapé. Entre otros, Aurora Verón, Ana Bayerque, Nito Franco, Eva Cardoso, los rauchenses Heriberto Provenzano y Alberto Guaita.

HIJO DE UN PEÓN RURAL

-¿A qué se dedicaba su papá?
-Él trabajaba en la estancia de Pereyra Iraola. Era peón de campo, como en los versos de don Atahualpa. En Tandil trabajó en la estancia Belaunzarán, entre Iraola y De la Canal. Acá vivíamos en Villa Italia y fui a la escuela 21, junto al querido colega de la música Miguelito Ferraggine.
-¿Al finalizar la escuela siguió algún curso de guitarra?
-Primeramente me enseñó un soldado que hacía el servicio militar acá, me dio las primeras lecciones. Más tarde estudié con Alberto Naranjo, cuando tenía 14 años. Por ese tiempo, logré actuar en un bar del barrio. Se juntaba mucha gente. Después me enseñó Roque Sánchez. En el año 1974 estuve estudiando con Omar Atreo y con Graciela Casenave que era su señora. Atreo había sido discípulo de María Luisa Anido, nada menos. Siempre le dediqué bastante tiempo, porque por poco que haga uno, debe preocuparse, ser responsable y tratar de que salgan las cosas cada vez mejor.

DE LA VILLA HACIA EL CENTRO Y HASTA EN LA LEJANA COMODORO

-¿Dónde fueron sus primeras presentaciones?
-Después de haber actuado en bares de Villa Italia ya desaparecidos, llegué al centro. En el escenario que había en el hotel Continental. Me llevó Alfredo Sánchez y estuvieron entre otros don Isaías Orbe y Julio Ruvira.
-Sabemos que es un gran admirador de Abel Fleury.
-Siempre digo que el estilo pampeano es obligatorio en las academias de Rusia, o sea que le dan más importancia que acá. Era un fenómeno Fleury.
-¿Cuál es su recuerdo de las peñas de fines del sesenta y principios de los setenta?
-Había mucho trabajo en esa época. Yo andaba en todos lados. A Unión y Progreso iban muchas personas, a Ferro cuando hacían esas peñas, lo mismo, al igual que en Santamarina y Boca Juniors. Peñas había por todas partes. Y en mi caso, viajé bastante, sobre todo por la provincia. Pero también llegué a participar en Cosquín acompañando varias veces a Mercedes Porta. Estuve en el Prado de Montevideo y pasé de visita por Radio Rural, donde me encontré con el gran payador Carlos Molina.
-¿Actuó también en las tanguerías?
-Sí, llegué a tocar mucho en la noche, por ejemplo en Tango Bar, en La cueva del tango,  lugares donde iba toda la gente tanguera, donde estaba ese fuelle tan bueno, el bandoneón de Eduardo Castro, que era músico de un conjunto. El estuvo cuatro años acá.
-¿La onda surera es la base de su repertorio?
-Sí, pero está mezclado. Lo que pasa es que he acompañado a una enorme cantidad de cantores de tango y milonga surera.
-¿Cómo fue su experiencia con don Pedro Delahorca?
-Con él hicimos muchos bailes. Era una persona que atraía a la gente. Por eso trabajamos en Tandil y toda la zona. Adonde él iba el baile no fallaba. Tenía carisma, era conversador. Yo lo cuidé sus diez últimos años de vida, vivía en Villa Aguirre en la calle Darragueira. Tengo muy buenos recuerdos.
-¿Con qué cantantes tandilenses actuó?
-Con todos. De la época vieja puedo nombrarle a Carlitos Pugliese, que era un personaje bárbaro, un bohemio. Horacio Andersen, muy buena persona y buen cantor. Una vez habíamos ido a un lugar que no tenía micrófono y se paseaba por las mesas mientras yo lo seguía con la guitarra. En ellos, saludos a todos, hasta nuestros días. Y acompañé a varios famosos a nivel nacional.
-¿Contento con el reciente homenaje?
-Y… qué le parece. Bien suele decirse que se cosecha lo que se siembra. Y yo nunca sembré para ganar dinero, sino para ser buena gente y ganar amigos. Los valores de la solidaridad y dar una mano. Sentir en lo más profundo la importancia de una verdadera amistad. Saber compartir, dar y recibir. Simplemente, gracias a todos.

Néstor Dipaola, en nombre del Centro Cultural Chapaleofú, presenta el espectáculo y destaca “la importancia de realizar homenajes en vida, sobre todo en estos casos en que a través de la música nuestros mejores valores aportan mucho a las identidades lugareñas”.
(Foto Marina De Pián).
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