Jun 2018
Con guitarras uruguayas se amanece mejor en Tandil…
ORIGINAL ESPECTÁCULO PRESENCIAMOS EN MONTEVIDEO

(DESDE MONTEVIDEO, entrevista exclusiva de Néstor Dipaola).-
Nicolás Ibarburu y Juan Pablo Chapital son dos brillantes guitarristas uruguayos de una generación que podríamos denominar “intermedia”, ya que ambos son nacidos en el año 1975. De una camada anterior es Julio Cobelli (66 de edad) que en su temprana juventud llegó a acompañar a don Alfredo Zitarrosa, nada menos. Por eso admiran a Cobelli, han sido alumnos y compartido algún escenario.
Pero si vamos un poco más hacia atrás, debemos citar a Abel Carlevaro, profesor y compositor que transitó casi todo el siglo XX y tuvo miles de alumnos en todo el mundo.
Por eso, no es extraño que estos jovencitos de 43 se hayan puesto al hombro la creatividad que se necesita para inventar las mejores aventuras musicales.
Tampoco debiera llamar la atención el anuncio del estreno de un espectáculo, por más que ese recital se denomine “Amanecer en Tandil”. Al fin y al cabo, los nombres son simples convenciones que se van creando a los efectos de ordenar las cosas. Pero distinto es que uno escuche o lea esa noticia, con el agregado de que uno es precisamente de Tandil. ¿Qué está pasando? Porque convengamos que Tandil, pese a sus bellezas y a su rica historia de ciudad muy antigua entre las sureñas, no es conocida en todos los rincones, como sí lo son Bariloche, Córdoba o nuestra vecina Mar del Plata, por ejemplo.
Por supuesto, fuimos a la fuente. En cuestión de horas logramos ubicar a Juan Pablo Chapital, uno de los responsables de ese fuerte impacto que recibimos...

CON JUAN PABLO, EN UN VIEJO BAR

Así fue como Juan Pablo Chapital nos invitó a presenciar el espectáculo, disfrutamos del mismo y al día siguiente nos reunimos con él en un antiguo bar de la calle San José. El músico nació el 26 de junio de 1975 en pleno centro de Montevideo, pero creció y se desarrolló en el barrio “Brazo Oriental”, cercano al Prado, lugar del que tiene “los mejores recuerdos. Un barrio lindo, tranquilo. Muy cerca teníamos el tablado carnavalero del club Albatros. Me gustaban los tambores, algunas murgas, me emocionaba con Araca la Cana, Falta y Resto. Durante la niñez en el barrio, jugábamos a la pelota en la calle. A la bolita, o la fantasía de remontar cometas y mirar con asombro hasta dónde llegarían”.

LOS SONIDOS DE AQUELLOS GRANDES

Entre finales de los setenta y comienzos de los ochenta, tanto Juan Pablo como Nico fueron creciendo en hogares en los que se escuchaba a los más grandes, auténticos fenómenos como Zitarrosa, Viglietti, El Sabalero, Rada o Hugo Fattoruso. “Una tía que había estado presa en la dictadura -cuenta Juan Pablo- había comprado muchos discos de todos ellos. Mi hermana también los escuchaba y yo me crié en ese ambiente. Me gustaba mucho la percusión, pero de pronto me surgió la posibilidad de comprarme una guitarra porque me la vendieron de ocasión. Y así fue como empecé a estudiar. Por entonces admiraba también a Horacio Buscaglia, gran artista relacionado entre otras cosas con la música y el teatro del Uruguay, uno de los creadores del grupo que realizó Canciones para no dormir la siesta, que fue algo maravilloso. Yo concurría de niño a esos espectáculos”.
“En la faz estrictamente musical sentía admiración por las guitarras de Zitarrosa. Algo muy depurado, con músicos de excelencia. Y cuando se iniciaba la década del noventa, siendo todavía adolescente, tuve la dicha de presenciar un concierto homenaje a John Lennon, que se hizo en la cancha de Defensor. Tocaron entre otros, Jaime Roos, Rubén Rada y Hugo Fattoruso con sus respectivos grupos. Ese recital me llegó de tal modo al alma, que ahí pude confirmar que quería ser músico”.  

CON NICO, DESDE LA ADOLESCENCIA

“Nos conocimos con Nicolás Ibarburu cuando yo estudiaba la secundaria en el Colegio Latino. Hubo un evento protagonizado por el Taller de Música. A él lo invitaron, fue a tocar y ahí lo conocí. Me gustó cómo lo hacía. Iba a verlo cuando tocaba y luego nos hicimos amigos. Empezamos poco a poco a crear cosas juntos, aunque lógicamente con interrupciones, porque hemos andado mucho tiempo solos también. Yo estuve viviendo en Buenos Aires y él también anduvo por Argentina. Pero hace poco más de un par de años nos juntamos para hacer el espectáculo que se dio en llamar Ibarburu y Chapital, en la sala Zitarrosa. Tocamos temas como solistas, pero además compartimos momentos a dos guitarras, fue algo muy lindo. La gente nos felicitaba y nos incentivaba para seguir. Cada vez que decidimos juntarnos para encarar un proyecto, nos entendemos muy bien. Tenemos la misma edad y nos conocemos desde antes de los veinte. Nos une también nuestras preferencias por el jazz, por el blus y todo lo que tiene que ver con la música popular uruguaya. Y por supuesto el candombe”.
Respecto de este último género musical, nuestro amigo y colega uruguayo Nelson Caula presentó por esos mismos días su libro “Candombe beat”, en el que analiza la temática desde una perspectiva histórica en el Uruguay, destacando las variopintas fusiones que se han logrado y que generaron una identidad oriental en la materia muy particular y muy rica al mismo tiempo. Juan Pablo Chapital ratifica una línea similar, pues “hay perfiles de lo que hacemos que ahí pueden enmarcarse. Yo te hablaba de mi devoción por el candombe, y recuerdo que desde chico he utilizado la caja de la guitarra para ejecutar algo que tuviese que ver con ese ritmo”.
Volviendo a su compañero de andanzas Nico Ibarburu, sostiene que “es un fenómeno, integró grupos célebres, como por ejemplo los de Fito Páez, Hugo Fattoruso, Rubén Rada y Jaime Roos, del que ha sido arreglador inclusive. Pero en un momento decidió largarse solo y entre otros éxitos, presentó el espectáculo y el disco Casa rodante, en el Teatro Solís. Nico ha investigado mucho el folklore, por haber estudiado y tocado con Julio Cobelli, que es un gran maestro”.  

A SPINETTA, CON CARIÑO

Le comentamos a nuestro entrevistado el hecho de que en Tandil la Universidad homenajeó a Luis Alberto Spinetta en varias ocasiones y a partir de ello, una escuela lleva su nombre. Le entusiasmó la novedad, por ser un gran admirador del “Flaco”, fallecido en el verano de 2012. Y nos contó que él organizó, al toque, un homenaje en Montevideo, en abril de ese mismo año. “Lo hice por un sentimiento profundo hacia ese gran músico. Una forma de agradecerle también, ya que fue un inmenso maestro que nos marcó el camino a los más jóvenes. Por suerte tuve muy buena respuesta de grandes músicos y cantantes del Uruguay”.
“También admiro –prosigue- a Eduardo Mateo. Fue un genio que vino a condimentar la música popular del Uruguay, con su mundo. Considero que era de otro planeta lo que hacía. Revolucionó todo lo que había”.

GESTACIÓN Y VIDA PARA “AMANECER EN TANDIL”

Por más que a nosotros nos costó salir del asombro de escuchar en radios y leer en la prensa escrita y en carteles, esto de “Amanecer en Tandil”, para los dos protagonistas se trata de algo “bastante simple”. Y añade Juan Pablo:
“Te había contado que un par de años atrás hicimos en la Sala Zitarrosa el espectáculo Ibarburu y Chapital. Al poco tiempo realizamos una breve gira por Argentina. Estuvimos en Azul y en Tandil. En Azul tenemos un amigo que se llama Evaristo Martínez, que es abogado pero también productor cultural, a quien le agradecemos infinitamente. Él nos presentó a Gastón Gauna, que tiene un estudio de grabación en Tandil. Le gustó mucho el espectáculo y nos invitó a grabar allí, sin cobrarnos un solo peso. Aceptamos esa gentil invitación y entonces realizamos una segunda gira, que culminaría en Tandil, para grabar. Y precisamente en Tandil fuimos cerrando los temas a incorporar, entre esas picadas con riquísimos salames... La verdad es que amanecíamos laburando, para ganarle tiempo al tiempo”.
“De ese modo fue surgiendo también el nombre del trabajo. Ensayábamos y grabábamos. Muy cansados, con sueño, pero no podíamos parar. Amanecíamos. Así que el nombre del disco no podía estar más ajustado a la realidad. En cuanto a la elección de temas, reversionamos algunas cosas de nuestro repertorio. Está también el caso de Quiero, un tema inédito mío, que se lo mostré a Nico, le encantó y me pidió que lo incluyamos. Lo invitamos a Hugo Fattoruso para tocar el acordeón, un lujo. En síntesis,   muy lindo en todo aspecto, nos sentimos siempre muy cómodos, fue placentero producir este trabajo. Y nos gustó la respuesta del público en el estreno realizado en el auditorio
del SODRE, sumado a la satisfacción que nos provoca que se nos haya tenido en cuenta para inaugurar el ciclo Cuerdas en un lugar tan importante”.

PINOCHO, EL MURGUISTA DE YUPANQUI

Más allá de sus mágicas guitarras, los protagonistas de “Amanecer en Tandil” sorprendieron al público con otro magnífico regalo. Fue la presencia en el escenario de Pablo “Pinocho” Routin, famoso cantante de murgas y que también fue vocalista de Jaime Roos. La sorpresa fue doble, porque no cantó “Brindis por Pierrot” ni un cuplé murguero. Esa voz privilegiada de la murga “A contramano”, durante casi cinco minutos pareció transformarse en la primera voz de Los Chalchaleros, al cantar “El arriero va”, de Atahualpa Yupanqui. El propio Chapital se sorprendió por la respuesta del público y confesó que “hablamos con Pinocho de hacer algo juntos, con esa temática. Ojalá pueda darse, el público respondería muy bien, tanto en Uruguay como en Argentina. Pablo Routin es un gran artista, gran persona, un tipo muy sano”.

LOS SIETE TEMAS DE “AMANECER EN TANDIL”

  • Quiero (Juan Pablo Chapital)
  • Huella digital (Nicolás Ibarburu)
  • L.A.S. (Chapital)
  • Mandala (Ibarburu)
  • Balada (Chapital)
  • Otra así (Ibarburu-Sarser)
  • Tras de ti (Eduardo Mateo; homenaje)
  • May 2014
    Santa campeón
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    La Movediza
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    - Néstor Dipaola -
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